miércoles, 5 de diciembre de 2007

Despedida.

Parece que llegó el momento. Tengo que soltarte.
Casi siempre pasa lo mismo cuando te separás de alguien, mágicamente se vuelve más valioso. La idea de nunca más juega con esos trucos.
Seguramente no sos tan increíble como cuando no estás, ni tan malo como cuando estás. Sos una persona que de alguna manera dejará su marca en mi vida. El tiempo me mostrará cómo.
Yo me siento agotada, sin energía, le puse demasiada a esto. Dí todo lo que pude pero no pude dejar de desear ni de pedir.
Estoy gris, cada desplante tuyo, cada ausencia, cada intento por entenderte y justificarte me fue apagando. Mi autoestima está dolida, dañada, un poco dejada de lado te diría.
Sos como un nene que requiere toda la atención, que pide todo y puede dar poco a cambio. Querés que te quieran como sos y eso no está mal, pero eso no implica que el otro tenga que bancarse cualquier cosa.
Ahora tengo que enterrar mis sueños. No sufro por lo que pierdo sino por lo que nunca conseguí.

No hay comentarios: